[CPProt.net] En busca del patrimonio perdido

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Sun Jan 9 11:47:04 CET 2005


En busca del patrimonio perdido



Tubilla del Agua, un pequeño pueblo burgalés, encabeza la lista de
reclamaciones a la Generalitat para recuperar obras históricas




En plena almoneda del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, Tubilla del
Agua, un pueblo burgalés de apenas cincuenta vecinos, encabeza la rebelión
de los humildes, cuarenta municipios de Castilla-León que reclaman la
devolución de obras de arte que desaparecieron hace años de sus iglesias con
rumbo a museos catalanes. Sólo en el Museo Marès de Barcelona se exhiben, en
su colección permanente, entre 180 y doscientas obras procedentes de
Castilla y León. Muchas de estas piezas fueron adquiridas de una manera
irregular. Ahora, los habitantes de estas localidades quieren restaurar un
patrimonio que ha sido suyo hasta hace muy pocos años. «Esto también tiene
mucho valor», afirman.

Tubilla del Agua (Burgos)- Una de las naves laterales de la iglesia de San
Miguel, en la localidad burgalesa de Tubilla del Agua, resistió en pie hasta
hace unos años. Ahora, las piedras se amontonan en el lugar donde estaba
situada la antigua entrada al templo de origen románico. Las paredes de la
nave central todavía se mantienen erguidas, aunque sea con el cielo de
Castilla como techo y una alfombra de innumerables zarzas. El campanario,
no. La parte superior fue desmontada en 1969 y su ventana se exhibe en el
Museo Marés de Barce- lona. Tubilla es un pueblo de apenas medio centenar de
habitantes, la mayoría jubilados, donde el último quinto lió el petate en
1986. La iglesia de Santa María, donde se celebra el culto, espera ya la
boda del próximo septiembre. Del anterior enlace en este templo también han
pasado veinte años. Del último nacimiento en el municipio, 36. Pero este
pueblo sin bautizos, sin jóvenes y sin bodas reclama ahora su campanario y
ha iniciado una cruzada que ha puesto en alerta a cuarenta localidades
castellano-leonesas donde, como en Tubilla, echan de menos alguna obra de
arte sacro que, un buen día, abandonó sus iglesias para no volver jamás.


«A plena luz del día». «Siempre se ha vendido algo de las iglesias. Eran
otros tiempos, pero aquí se desvalijó entera a plena luz del día. Fue una
vergüenza. La llenaron de andamios y se llevaron la torre pese a las
protestas de los vecinos, que les llamaron sinvergüenzas. El pueblo se quedó
muy apenado». Alfonso Padilla, alcalde Tubilla del Agua, es el principal
impulsor de esta reclamación. Hace diez años encabezó una recogida de firmas
para pedir al entonces regidor que solicitara la devolución de esos bienes.
«Pero no nos apoyó», lamenta mientras señala el boquete donde lucía el
ventanal del campanario. Ahora, la rebatiña en el Archivo de Salamanca,
bendecida por el Gobierno de Zapatero, ha alentado a estos municipios a
reclamar lo que fue suyo. No en vano, sólo el Museo Marés de Barcelona
exhibe 159 obras procedentes de Castilla y León. Padilla envió una carta al
presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, el 25 de noviembre del
pasado año, reclamándole los documentos que autorizaron la extracción, en
1969, de las piezas de la iglesia de San Miguel de su localidad. «Este
expolio -refiere el regidor en la misiva- ocurrió en la primavera de 1969,
como consecuencia de la personación en la localidad del señor Frederic
Marès, acompañado de una cuadrilla de operarios, afirmando tener permiso del
Ayuntamiento, el cual no figura en el archivo municipal, y que procedió al
desmontaje y sustracción de las piezas».
   El alcalde reclama a la Generalitat que éstas se trasladen a Tubilla, así
como una ayuda económica para restaurar la iglesia. La misiva no ha tenido
respuesta. Por su parte, el Museo Marés aduce que las obras fueron
adquiridas por Frederic Marés a un anticuario de Reinosa (Santander), que
había comprado en mayo de ese año la torre de la iglesia, que amenazaba
ruina, al vicario general del Arzobispado de Burgos, que con ese dinero
pensaba reconstruir la iglesia de Santa María, en la misma localidad.

Una pieza olvidada. El resto de piezas se vendieron a otros coleccionista.
«El cura de entonces dijo que las 300.000 pesetas que ofrecían los
anticuarios servirían para arreglar la otra iglesia, pero no se hizo nada.
Ni siquiera sabemos -se queja el alcalde de Tubilla- cuánto se pagó
realmente por las piezas». La iglesia de San Miguel esconde, pese a todo,
algunos tesoros que agudizan aún más la sensación de desasosiego del
visitante. Una pila bautismal asoma entre pedruscos musgosos y ramajes
secos, a los pies del campanario objeto de la polémica. «No la debieron ver
y ahí se quedó», explica el alcalde, como justificando su presencia en medio
de un escenario tan descorazonador. Dos capiteles anteriores al siglo XI
también se salvaron de emprender el mismo camino que el ventanal de la
torre. «Se habían encalado y pasaron desa-percibidos», añade Padilla.
   El lugar donde estaba situado el altar mayor está repleto de tablones,
tejas apiladas y pupitres sobrantes de la antigua escuela. Durante un tiempo
también se utilizó como leñera. Los bloques de toba (la piedra caliza de la
región con la que se edificó el templo) se amontonan por doquier, a la
espera de otros muchos que caerán sobre ellos, si nadie lo remedia, con la
inscripción del cantero todavía grabada. «Quiero techar la cúpula para que
no se venga abajo», cuenta Padilla, que anda empeñado en recuperar el mural
que adornaba una de las paredes de la iglesia. El fresco, del siglo XI,
representaba a dos ángeles alanceando a un dragón. En su lugar, un muro
desconchado espera que las enredaderas cubran la memoria de la pintura que
ya no está. «Vino personalmente Federico Marés a llevárselo y ahora lo
tienen en el museo, aunque no expuesto», dice el joven regidor.

Derecho a reclamar. Hace unos días, casi una veintena de alcaldes de
pequeñas localidades de Castilla-León se reunieron en Burgos con el objetivo
de constituir una asociación que reclame el regreso de su patrimonio
histórico. «La asociación va para adelante. He pedido una entrevista con la
Junta de Castilla y León. El Archivo de Salamanca se ha defendido bien, pero
esto tiene más valor y también hay que defenderlo. A raíz de lo sucedido con
el archivo pensamos que también tenemos derecho a reclamar lo nuestro».
Padilla insiste: «Marès nunca enseñó los documentos ni ningún papel donde se
recogiese por escrito qué le autorizaban a llevarse». «Al conocer la
iniciativa, me llamaron varios alcaldes. Todos saben lo que se llevaron,
pero no tienen documentación que acredite si se vendió. Yo tampoco. El
arzobispado no se ha pronunciado. A mí ni siquiera me han dejado ver los
documentos de la iglesia de San Miguel», se queja.
   Además de Tubilla, otros municipios burgaleses como Santa María de
Villadiego, Puentedura y Hortigüela también sopesan seguir el mismo camino y
reclamar el patrimonio artístico que un día adornó sus iglesias. Otros, como
Villadiego, han encargado estudios para determinar cómo salieron de su
localidad esos bienes antes de emprender un litigio con los museos que los
exhiben. Su alcalde, Ángel Carretón, ha pedido un informe a la directora del
Museo de Burgos, vecina de la localidad, sobre la talla de la Virgen con el
Niño que desapareció de la iglesia de Santa María. Es día de mercadillo en
Villadiego y el alcalde alterna sus quehaceres municipales con el puesto que
tiene en la plaza. En el Consistorio, los vecinos entran y salen como si
fuera -y lo es- su casa, sin las trabas burocráticas de los grandes
ayuntamientos encastillados detrás de un montón de papeles. En la sala de
sesiones, el escudo nacional, un crucifijo cruzado por guirnaldas navideñas
y una foto del Rey. En una esquina, sobre una mesa, hay cuatro botellas que
parecen de cava, quizá una mano tendida a los museos catalanes que ahora
albergan las piezas viajeras. Pero no lo son. Se trata de vino de Rueda. El
cava, a lo que se ve, no ha tomado esta Navidad las de Villadiego.
   «No sabemos si se compró o se robó. No quiero precipitarme, porque si se
vendió, aunque no haya factura, ¿para qué me voy a meter?», se pregunta en
voz alta Ángel Carretón. Al margen de si la imagen de la Virgen con el Niño
se vendió o se robó, al regidor le apena que la talla se exhiba lejos de su
localidad. «Lo lógico sería que estuviese donde siempre estuvo. Su valor,
artístico y sentimental, es incalculable». El cura del pueblo, José Antonio
Salazar, lo tiene más claro. La imagen, explica, se vendió en los años 50.
«El párroco, cuando la vendió, contó con la autorización de la diócesis. Con
ese dinero se arregló parte del tejado y se cambió la tarima», explica.
Entonces, el suelo tuvo que levantarse un metro para evitar inundaciones. A
José Antonio no le resulta demasiado difícil ponerse en el pellejo de su
antecesor. Ahora, su cabeza no para de hacer números para conseguir los
230.000 euros que cuesta cambiar el tejado del templo, que data del siglo
XII, aunque la mayor parte se reconstruyó en el XVI.

Sin escrúpulos. El Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León costearán más
de dos terceras partes de la reforma. El resto lo aportan los fieles, que
donación a donación ya suman cerca de 9.000 euros. «Hoy en día no existe la
penuria que había antes. Era como si tuvieses que cortarte un dedo para
salvar la mano», afirma pragmático. Como a la fuerza ahorcan, Villadiego ha
convertido otra de sus iglesias, la de San Lorenzo, en un museo donde se
recopilan cruceros, casullas, tallas y otras piezas de arte de iglesias de
municipios cercanos, una iniciativa que evitará tentaciones a coleccionistas
sin escrúpulos.
   Otro de los pueblos, éste palentino, que todavía deshoja la margarita es
Ampudia. Una imagen de la Virgen con Niño de Valoria del Alcor, una pedanía
dependiente de esta localidad, está también expuesta en el Museo Marés. «No
sabemos cómo salió de aquí, pues no consta en los archivos municipales. He
hablado con gente mayor y parece que había que retejar la iglesia y se
vendió la talla para arreglar las goteras, pero no es seguro. Le he pedido
al párroco que mire en sus archivos», cuenta Bautista Hernández, alcalde de
esta localidad. «Ahora eso no se podría hacer. Está todo más controlado»,
dice. De nuevo en Tubilla del Agua, su alcalde prepara la reunión que
mantendrá con el presidente de la Diputación. Su cruzada no ha hecho más que
empezar. Y es que este pequeño pueblo del Valle del Rudrón está casi
resignado a vivir sin bautizos, sin jóvenes, sin bodas y sin ayudas de la
Administración, pero al menos quiere mirar de nuevo a su campanario sin
sentir vergüenza.

Ricardo Coarasa
domingo 9 de enero de 2005
http://www.larazon.es/noticias/noti_cul30985.htm



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